Como telón de fondo se oía la parla de los comentaristas del partido balompédico. Cualquiera se sentiría exultante después de un día tan plácido, pero yo, curiosamente, experimentaba un sentimiento de desazón. Al fin me decidí a dejar en paz a la chica. Supongo que Julia tuvo que quedarse de piedra al ver cómo el pestillo se movía y la puerta giraba sobre la bisagra sin que nadie la manipulara. Por último, vi cómo ella lograba que la cabeza del tipo buscara cobijo en el desfiladero (ya sé que es exagerado, pero me niego en rotundo a hablar de canalillo) de su busto desproporcionado y poco afrodisiaco, haciéndola a la operada sonreír con una placidez genuina. Tenía los pómulos marcados con una destacada prominencia y unos labios finos y duros. |