Creo que ninguno deseaba perturbar la paz que a cada paso nos regocijaba. Quedamos extasiados de placer. Lo acompañe hasta la puerta de salida, y antes de irse agregó: Tardaré lo que tardo en llegar hasta mi casa y volver. No se tardó en venir, y me sorprendió con una gran lechada, que con gusto bebí, relamiéndome con las últimas gotas que chorreaban por mi comisura. Apartándose un poco de mí me tomó del mentón elevándome la cara para asegurarse que lo mirara, y se excusó diciendo …. Dijo que era muy bueno en lo suyo y además no era de los que te mataban a la hora de cobrarse el arreglo. |