Entró en el despacho y dejó los papeles que llevaba encima de una mesa redonda para reuniones (pequeña, sólo cuatro sillas alrededor). Pero yo realicé las tareas eficientemente y desconecté. Cuando Don José me fue presentando a cada uno de los compañeros todos me acariciaban con una mirada cargada de deseo, me sentía acariciada y desnudada por ellos. Me senté y practiqué mi sonrisa en tales circunstancias (soy toda tuya, profesional, bella pero inalcanzable,…). Yo cruzaba las piernas y dejaba que la minifalda se subiera algo más de lo normal (no podía evitarlo, era de vueltas y al cruzar las piernas mostraba completamente mis muslos) y veía cómo el trataba de no mirarme a los pechos ni los muslos, pero el evitarlo lo hacía todavía más gracioso y deseable ;). Una vez el jefe me había dado carta blanca, tocaba convencer a los comerciales más reticentes, así que me encaminé hacia la mesa de Juan. |