Aunque diez años mayor que su esposa, y algo más de doce mayor que nosotros, se mantenía en forma logrando un look juvenil. Entre tanto, yo comencé a acariciar el miembro de Carlos, y me acomodé de forma que ambos pudiéramos explorarnos mutuamente mientras disfrutábamos del espectáculo que nuestras respectivas parejas nos brindaban. Sin yo notarlo se habían sentado algo separados de nosotros y por su lenguaje corporal se apreciaba con facilidad cuanto se deseaban. Pero aunque me sentía preparada para una noche de acción y nuevas emociones, nada me habría prevenido para lo que estaba a punto de ver. Bueno, los dejé gozando. Y yo, para que negarlo, gozando como loca, y sintiéndome la perrita más perrita de la cuadra (risas). |