Volvía a descansar a su lado. Cuando estaba en casa la desnudé, le quité todo bragas y sujetador y me la llevé a mi habitación, ella empezó a ponerse nerviosa e intenté consolarla. ¿Cuantos años tienes? pregunté yo inocentemente. La dejé ir y me recompuse, poniendo la mejor de mis sonrisas y disimulando con una mano en el bolsillo salí a su encuentro. ¡Ah es por eso, bueno y no pretendía. En mi mente deseé follármela aquella misma noche, pero no podía, pues mi madre podía volver en cualquier momento, así que decidí saciar mi sed de caricias. |