Y, a mis padres, les dio igual. Por desgracia, no pensé lo mismo cuando, a la mañana siguiente, tuve que explicarle a mi madre por qué estaba desnudo en su cama. Me llevó hasta el sofá donde antes había estado jodiendo con mi padre y se sentó en él dejándome de pie frente de ella. Quise correr pero ninguno de mis músculos se movía. Mientras mi padre esperaba a que yo me acostumbrase a tener aquello allí, mi madre volvió a darme un beso que me distrajo de lo que pasaba en mi culo. Todo era genial. |