Me caía bien, se la veía muy tierna y cariñosa. Sus jugos estaban salados, no estuvo mal su sabor, seguí comiéndoselo mientras ella se contorsionaba y jadeaba, hasta que noté como se tensaba su cuerpo y entonces supe que se había corrido también. A la vuelta mi madre me felicitó, pues según ella estaba siendo muy cariñoso con mi vecina, le dije que no me importaba, es más era un auténtico placer. Mi madre llamó para decirme que no iba a ir a comer, así que nuestra vecina se ofreció para que comiese con ellas. ¡Oh, yo creo que muy bien! exclamé anonadado. ! ¡Es que me da vergüenza! le confesé. |