Si lo conseguí totalmente aun no lo sé, tendré que comprobarlo cuando pase un largo tiempo, lo que sí sé, que pasados varios días, aun perdura en mí el recuerdo de aquellos momentos placenteros, cuando alcancé la mayor ensoñación jamás imaginada, que hizo ascender la lechada desde mis testículos al lugar donde se prepara para salir al exterior y el sumo placer carnal y un desmadejamiento del cuerpo cuando el semen salió a borbotones por la punta de mi verga, manchando todas las teclas de mi ordenador, porque no deseé cambiar de posición ante tan importante instante de mi existencia. Entreabiertos, ansiosos, chupantes. Posé mi vista primero en su cara para volver a recrearme de la armonía de sus rasgos, la descendí luego por el cuello hasta el nacimiento de sus tetillas, mientras mis dientes imaginaban morder sus morenas puntitas, la deslicé después por el liso vientre, donde el hoyuelo de su ombligo atrajo mi atención, siguió hasta donde se iniciaba una carrera de abundante, negro y rizado vello púbico y quedó finalmente parada, absorta y quieta, observando, loco de excitación, donde se juntaban sus piernas y aparecía un duro e inhiesto trozo de viviente carne que empuñaba su mano derecha. Isaac, su abuelo, fue aquel a quien pidió Dios sacrificase un hijo y que al ver que era capaz de hacerlo paró su mano en el último minuto,Está también demostrado que a su vejez organizó un buen lío con la esposa de un general al que mando matar para conseguirla, Betsabé, que fue posteriormente la madre de Salomón el que construyó el templo de Jerusalén. Quizá si alguno lee este relato piense¿Qué tenía esta paja de especial?El masturbarse es algo muy común entre los varones. Las marcadas y negras cejas de mi interlocutor y sus largas y retorcidas pestañas que enmarcaban sus negros ojos, cual endrinas maduras, atrajeron mi atención cuando descansó su mirada sobre el relato que le había enviado y comenzó a leerlo. |