Perfecto, sobre las dos treinta podría estar en tu casa. Comimos en una mesa situada junto a una cristalera que daba al vacío de ese impresionante edificio donde las luces de la ciudad tintineaban. Sus brazos se enroscaron en mi cuerpo y me sentí seguro abrazado a el, no había temor solo serenidad ante aquel hombre que me tenia subyugado. El dormitorio era inmenso, una enorme cama con un cabezal de piel y con un mullido edredón la presidía, un lienzo de grandes proporciones y de temática abstracta daba color a la estancia que estaba pintada en blanco color que predominaba junto a muebles eclécticos y un amplio vestidor donde se dejan ver una importante colección de distintos tipos de indumentarias, camisas, pantalones, zapatos y demás. Juntos muchos alcanzaran sus objetivos, pero yo tengo mi estrategia montada y también marco mis condiciones. Si Jacobo, no seas terco, te ruego me concedas unos minutos de tu tiempo, esto no puede acabar así. |