―Tú sabes quien era mi madre? – me miró extrañado – perdona, ya sé que madre es madre pero me estoy refiriendo a si sabes quien me parió… mi madre natural…―No hijo. Akesha presenció cómo cientos de jóvenes fueron quemados vivos y obligó a sus padres a presenciar el martirio de sus hijos. Mientras acariciaba el rostro y la cabeza de Disenk le desagüé mi semen espeso y caliente en la boca. —Y la has hecho gozar, bribonzuelo. En nuestra sociedad no estaba perseguida la homosexualidad pero una cosa era dar por culo a tu propio esclavo y otra muy distinta enamorarse de él. Acababa de darme cuenta de que lo amaba. |