Mi estómago rugía de hambre, pero creí que tomar algo sin permiso era abusar de mi condición, así que tuve que esperar hasta las diez de la mañana, hora en que Sara despertó. Un gemido de placer me devolvió a la realidad. En esa maleta está tu atuendo y una foto de mi jefa, para que hagas todo por parecerte a ella. Te quedarás en esa posición por un momento. Sara se quitó las bragas y se subió la falda. Sara sostenía mi cabeza y la repegaba más y más a su conchita a medida que mis caricias la iban excitando. |