Lo estoy, pero no hablemos de nuestros nervios. Se sentó otra vez cara a mí pero no me miraba. No recuerdo donde tenía yo mis manos, pero si retengo en la memoria las suyas en mi culo, apretándome contra su boca, follándosela ella sola y mis gritos de auténtico y absoluto placer. Me acerqué a un sillón y me senté, entrelacé los dedos de las manos y por primera vez desde que entramos en la habitación la miré. Yo voy a darme una vuelta y volveré en un rato. Vaya Sue, esta no es ropa de una señora decente. |