Mis visitas a la copiadora eran esperadas y admiradas por mis compañeros, y me acostumbré a dirigir mi mirada a los bultos de sus pantalones para excitarme con sus reacciones. Sin que se me atascara el papel, hacía como que faltaba para recargar la copiadora. Entonces me tomaba mi tiempo y rebuscaba entre las impresiones las mías mientras hacía que no les miraba, pero lo cierto es que lo que hacía era darles tiempo a que se excitaran más con la vista. En el trabajo era eficiente y realmente les implanté un orden, pero a la vez era un entorno de excitación constante. Jaime me ofreció unos pañuelitos de papel, y procedí, lentamente, muy lentamente, a tratar de recoger las gotas derramadas sobre mi barbilla, alzando la cabeza y mostrando mi busto. Me encanta. |