Fernando Mas Ulloa. Al doblar el pasillo, chocó con Doña Hortensia, y tuvo que agarrarse a ella para mantener el equilibrio y no caer al suelo. Cinco minutos; nada menos que cinco minutos. Doña Hortensia, algo impactada por la vulgaridad que había soltado su amado y el tono que había empleado al pronunciarla, dejó que se vistiera y saliera de la habitación con la promesa de volver en cuanto se hubiera tomado una pastilla. No estaba bromeando. Es usted un hombre tan interesante, tan apuesto, tan educado. |