Una vez hube orinado me volví a estirar. No me parecía que tuviera ninguna deficiencia que la hiciera especial y me he preguntado qué hacía allí. ―No crees que podrías dejarlo con unos latigazos y un par de días sin comer?―Buena idea… ¡Bak, dile a Maehan que además de cortarles la oreja les dé treinta latigazos a cada uno y dos días sin comer!Me quedé con cara de tonto. Simut me bañó y me proporcionó un maravilloso masaje. ―¡Saca tu lengua de esclavo y lámeme los dedos del pie si no quieres que mande que te la arranquen! – le dijo con aspereza Sheritra. El baño matinal era uno de los momentos más reparadores que existía. |