Para hacer un cuadro. Hábilmente, mis dedos se deslizaron bajo el mojadísimo tanga, comenzando a explorar y acariciar la cálida gruta de la chica. Me encontraba en una situación que envidiaría cualquier mortal y quería disfrutarla. Si se enteran de que sus padres no están y de que nos hemos ido por ahí me matan…San Crisóstomo bendito, dame paciencia…¿Y tú? – le dije a Nuri ¿No tienes dinero en casa? Aunque no me fío mucho de ti, confío en que no dejarás a Jamo…, digo… a tu amiga tirada. Con habilidad (sin duda no era su primera vez moviéndose en semejantes estrecheces) se dio la vuelta y se sentó sobre el respaldo del asiento del pasajero. De esta forma, llegaba cada vez más adentro, realizando un trabajito de lengua, labios y garganta que ya quisieran dominar las más afamadas miembros del gremio puteril. |