Pues eso – dijo Jamona – Ahora habrá que pagarte el trayecto hasta casa ¿no?Sí, tienes razón – contesté mientras sentía que la vida retornaba a mi miembro. La chica, comprendiendo que nadie estaba obligando a su amiga a saborear mi caramelo, se rindió, mientras contemplaba estupefacta como la dulce Natalia me hacía un trabajito oral. Te quedas mirando algún pivón impresionante que pasa junto a la ventanilla y luego resulta que si se sube al taxi y la escuchas hablar… no tiene más de 13 años… para cagarse. ¡Uaggggggg! – farfullaba la chica sin dejar de morrearse con su amiga. Natalia, comprendiendo mis intenciones, separó aún más las piernas, dejándome expedito el acceso a su intimidad. Si tus papás te llaman, tú le pasas el teléfono a Natalia y ellos se quedan tranquilos. |