Debía sofocar el calor que invadía todo mi cuerpo. En fin, una auténtico prodigio de la naturaleza. Cada vez que expulsaba aquella soberbia verga del interior de mi insaciable boca allí se encontraba mi compañera para brindarme sus cálidos labios los cuales se unían a los míos besándonos con suavidad. En cambio mis vacaciones ya no podía posponerlas pues mi jefe me había hecho un favor especial dándome aquellos quince días y ya no había posibilidad de cambiar las fechas debido a la molestia que habría con el resto de compañeros. Lamió y chupó mi clítoris a un ritmo endiablado hasta lograr hacerme explotar en dos ocasiones entregándole mis jugos los cuales chupó sin descanso hasta dejarme el coño seco. Miré disimuladamente a través del rabillo del ojo y pude ver con regocijo el bulto que se apreciaba debajo del bañador de Jorge. |