A Marta se le quedó cara de insatisfacción pero se aguanto sin rechistar. Esto propició que mi polla se hinchara al máximo en menos de un segundo dando un brinco considerable y haciendo que se asomara la punta por encima de la cintura de mis pantalones. Elena y yo tomamos la noticia con sorpresa, pero por extraño que parezca no nos asustamos. Marta me estaba haciendo la mejor mamada de mi vida, quizás chupaba tan bien mi polla porque parte de ella salió de allí 18 años atrás. Cada vez que pasaba junto al dvd me ponía alteradísimo y cachondísimo, había llegado a la conclusión de que lo mejor sería ver la película en algún momento que estuviera solo y masturbarme tranquilamente, así seguro que se me pasaría, y aunque me pareciera algo fuerte masturbarme pensando en mi hija, aún me lo parecía más deambular por la casa pensando en masturbarme pensando en ella. Tal como era nuestra vida no fue de extrañar que, tres meses después del cumpleaños de Marta, esta nos sentara en el salón de casa, nos mirara a los ojos y nos dijera –Papá, Mamá, soy actriz porno. |