Al fin el joven se decidió por un chico y una chica, ambos de complexión robusta. Un buen instructor averigua lo que desea acercándose a un esclavo y agarrándolo bruscamente del pescuezo. El joven iba vestido de negro de pies a cabeza, a excepción de unos guantes de color gris perla que no se quitó durante toda la velada. Nunca me he molestado en azotar o atar a un esclavo con correas de cuero durante la exhibición previa a la subasta. El joven amo, al observar mi enojo, sonrió por primera vez en toda la velada. Recuerdo que un año vi a un chico guapísimo de dieciocho años, acompañado por dos guardaespaldas, que ojeaba el catálogo muy serio y observaba de lejos, a través de sus gafas violetas, a cada una de las víctimas, para luego acercarse a ellas y pellizcarlas en el trasero. |