Síii, Papi, síi. Entonces noté que mi mano volvía a acariciar mi polla, pero no era yo quien la movía, Marta me la había cogido por la muñeca y la movía suavemente. Marta se marchó dejándonos solos a Elena y a mí, pero aún así Elena no mencionó nada de lo sucedido. Mientras cabalgaba lentamente sobre mi polla Marta comenzó a besarme, y al hacerlo sentí algo parecido a lo que se siente cuando besas por primera vez a los amores de la infancia, solo que muchísimo más intenso. Mi hija me masturbaba mientras la veía en un video penetrada bestialmente, nunca habría imaginado que haría algo así en mi vida, pero ahora que lo estaba haciendo creía que era el mejor momento de toda ella. Lentamente comenzó a bajar, esta vez volvía a sentir como se comía mi polla pero ahora con sus labios vaginales, tan rosados y carnosos como los de su boca, pero muchísimo más calientes. |