Y así fue como ambos al llegar al orgasmo sintieron que se precipitaban en una ingravidez en la que solo se es consciente de tu sexo: punto concéntrico del éxtasis. alarga el placer al máximo. Aprovechando su proximidad Carlos hundió su nariz en el hueco que deja el final del cuello y el principio de la clavícula ¡Humm, hueles deliciosamente! volvió a susurrarle en el oído a Helena. Esas manos ahora volaban hacia adelante y al poco ya estaban abarcando sus redondas tetas. Sus cuerpos se acoplaron perfectamente en una endemoniada danza que los aislaba de lo que no fuera ellos mismos, las manos de Él aprisionando vigorosamente las nalgas de ella y atrayéndola hacia él en cada empuje, como si sintiera un miedo exacerbado a perderla ahora que la estaba poseyendo. Y así fue como ambos al llegar al orgasmo sintieron que se precipitaban en una ingravidez en la que solo se es consciente de tu sexo: punto concéntrico del éxtasis. |