Atender al teléfono y manejar la agenda de comerciales. Total, que por una u otra no había manera. Le enseñé que ya había programado las reuniones periódicas de dirección (con todos los comerciales unos días, sólo con los responsables de cuentas otras, etc. Yo notaba cómo el se encogía en la silla, mientras veía crecer su sexo por momentos y el trataba de taparlo con sus manos ;) Qué dulce! El, que era el que se había opuesto con toda rotundidad a que yo les fijara citas, y ahora parecía un corderillo y decía a todo que sí. Entró en el despacho y dejó los papeles que llevaba encima de una mesa redonda para reuniones (pequeña, sólo cuatro sillas alrededor). Claro, así recostada sobre su mesa mi paradita cola estaba expuesta al resto de la oficina, aunque creo que a Juan le bastaba la visión de mis pezones marcados bajo el jersey, a menos de cinco centímetros de su cara, para incrementar su temperatura interna hasta niveles exagerados. |