Estas suelen ser las peores. No era yo quién iba de un pezón a otro, no… era su mano la que dirigía mi cabeza y al tiempo mi boca sobre cada teta, como si estuviera en un partido de tenis, ahora izquierda… ahora derecha. ¿Ves como no se llama Cristina? Cuando me despierto, me da por filosofar. NO llames, la puerta estará entreabierta Aquí no hubo prueba que valga, la cabrona daba órdenes con el aplomo de un sargento mayor. En este caso, al que le temblaban las piernas era al menda. Desde la abuela con marcha, que ahorra el importe del viaje del INSERSO a Benidorm y lo invierte en darle una alegría al cuerpo, una vez al año, que la pensión de viudedad de subsecretario ministerial es cojonuda, pero no para hacer estos derroches; pasando por la maruja desesperada, porque su Paco ha perdido el interés, y mejor dejarse la pasta en un puto que en un psicólogo argentino; hasta la guiri con prisa, que se acaban las vacaciones y aún no se ha tirado a ningún indígena. |