Me sorprendí. Sabes mi nombre…. Y esta vez, acompañada de su semen. ¡Tú no puedes marcharte de aquí! – rugió, pero yo ya no estaba allí. Estuve a punto de decir que estaba bien, pero cuando el tipo salió de la oscuridad, me di cuenta que no le preocupaba mi salud en absoluto… era uno de mis compañeros, jugador del equipo de rugby, con tanta carne en el cuerpo como escasez en el cerebro. Entonces el cielo se rajó y empezó a caer sobre mí; me coloqué un escudo de energía en el que rebotaban los pedazos de cielo y me impulsé hacia el espacio a toda velocidad…. |