Mis manos entonces pasaron a la acción, pues dueñas de toda la extensión de sus piernas quitaban delicadamente la única prenda que me separaba de aquella piel llena de secretos. ¡excelente!, marcaré en mi memoria esa fecha para siempre… * ¿me prometes algo? – dijo poniéndose seria. Sus ojos preguntaron qué hacía al tiempo que mis labios se acercaban a su cuello, aspiré su fragancia a frutas, mis manos se quitaban el nerviosismo bajo la tela azul y cada vez eran más descaradas y juguetonas. sus mejillas… su barbilla… su frente… sus ojos… su cuello… y todo. Nos miramos, ella sorpresiva me veía, miraba a veces mis manos acariciando su cinto, a veces mis ojos que recorrían su cabello y su cara… mi mano derecha comenzó a bajar hasta su rodilla, se metió entre el vestido y sentí por vez primera esa suave piel, delicada y pura. Llena de nerviosismo y entonces mis labios tocaron a los suyos en un primer beso tan infantil e inocente como lo era ella. |