Dentro de cuatro días mal contados estaremos metiditos en un ataúd, así que dad rienda suelta a vuestros deseos más inconfesables, con quien os plazca y donde os plazca, pues a estos mozalbetes a los que hemos contratado no tendréis que insistirles para que hagan lo que os parezca. El individuo intercalaba la inmemorial oscilación pendular, con unas fugaces palpadas en los gelatinosos pechos y unos gruñidos que gradualmente adquirían intensidad. No parecía tener un carácter hosco (quizá contribuyera el hecho de que yo también era bastante joven) así que proseguí el diálogo. Dentro de ella (todo lo razonablemente dentro de una fémina que se puede estar sin constituir el menú de una antropófaga) había un joven exhibiendo su pálida y peluda anatomía que fornicaba con el ahínco de cualquier mamífero en celo. El tipo tenía una nalgas pétreas que eran como placas tectónicas y que me hicieron sentir un inconfesable ramalazo de atracción homosexual. Mientras la contemplaba, vi como se pasaba la lengua por los morros con una lascivia que se me antojó impostada. |