Sin resistirme más me levanté y ni corto ni perezoso me bajé las bermudas y los calzoncillos, dejándo al áire mi querida y dura alcallata. Lo había visto hacer en las pelis porno, por fín me estaba comiendo un coño, un poco peludo pero no me importó. Luego rápidamente fui a la cocina y volví armado con papel de cocina, limpié lo mejor que pude, incluyendo la mano de Luisa que seguía igual de sonriente. Cuando iba a entrar al probador me indicó que la esperase con Luisa, pero su hija insitió en ir con ella así que para no dejarme sólo fuera supongo que me dijo que pasara con las dos y esperase en el pasillo. Le metí la mano en las bragas y palpé sus pelillos buscando su raja, hasta que hundí mi dedo en ellos. Entonces me picó la curiosidad, y me quedé mirando en la puerta. |