Sentí entonces cómo la queridísima Natalia participaba en el juego, atrapada como estaba bajo los cuerpos de su amiga y del mío, comenzando a administrarnos excitantes lametones en su coño y en mi polla mientras procedía al mete y saca. Pues ven acá, putilla – dije riendo a mi vez – Que todavía puedo hacerlo mejor. Quiero que entendáis que no soy un cabrón sin entrañas que va por ahí poniéndole los cuernos a su pobre mujer embarazada… bueno, sí que lo soy, pero hay circunstancias atenuantes. Ella gemía y gritaba, disfrutando cada segundo, pero no se entendía nada, pues sus labios continuaban fundidos con los de su amiga. Chupé, mamé, lamí, penetré, le comí el coño hasta lo más hondo, deseando que aquello durara para siempre. Ahora me toca a mí – me dijo con una expresión de golfa que tiraba de espaldas, mientras se sujetaba la falda mostrándome su palpitante coño. |