El culo me quedaba libre y podía manejarlo con soltura, pero enseguida me di cuenta que mamá no sólo disfrutaba con el mete saca, disfrutaba regodeándose con comentarios soeces, eróticos y provocativos. Ese sábado pasé a recoger a mi madre como a eso de las dos y media de la tarde, aunque la boda era a las siete, pero mi madre quería llegar con tiempo suficiente para vestirse en el hotel y charlar con la familia antes de la ceremonia. Mi polla entraba y salía como pez en el agua, o mejor dicho, como polla en el chumino de su madre, era una delicia y las clavadas cada vez se hacían más y más vigorosas, aunque sus nalgas amortiguaban todas las embestidas. No podía ni imaginarme el chocho que calzaba mi madre. Así lo acordamos y así lo hicimos. Quieres que te las chupe a ti le pregunté directamente. |