Y efectivamente merició la pena. Luego me giré y saqué mi pene y se lo puse en la mano intentando que lo moviese, aunque no pareció entenderlo y tuve que ayudarla. Estábamos sólos pues era el mes de agosto y casi todos los vecinos estaban de vacaciones en la playa. Así que dejé de mirar y me volví al salón. Sin resistirme más me levanté y ni corto ni perezoso me bajé las bermudas y los calzoncillos, dejándo al áire mi querida y dura alcallata. Ya por la noche cené y me fui a dormir rápidamente, hasta mi madre se sorprendió, pues normalmente me iba a la cama muy tarde y nos quedábamos viendo la tele. |