Aguantaba como podía mis gemidos mientras mis manos apretaban con fuerza la barra del cochecito…Te lo suplico… no me hagas esto… le pedí¿Seguro que no? – preguntó a su vez mientras sus caricias se hacían mas fuertes y profundasYo, instintivamente, había abierto las piernas hasta donde me permitieron las bragas y mí pecho se agitaba libremente bajo mi vestido. Reviví diversos momentos de mi último polvo mientras mis dedos jugaban con mi hendidura y mi clítoris, en pocos segundos me corrí dulcemente. Estaba anocheciendo y me levanté para dirigirme a casa, estaba próxima a ella cuando vi a Víctor que venía en dirección contraria, mi pecho comenzó a agitarse, se paró a mi lado y me besó en la mejilla…¡Hola! – me dijo – me distes plantón. Me senté en un banco presa de una calentura asfixiante, miré a derecha e izquierda y al ver a nadie abrí un poco las piernas y subí mi falda; pronto una de mis manos subía por mis muslos buscando mi ardiente vagina, aparté la chorreante braguita y con dos dedos busqué el clítoris entre los mojados vellos que se pegaban a mis abultados labios vaginales. Lo desnudé me arrodillé ante él y lamí suavemente su glande, cerró los ojos mientras su miembro se levantaba aún más. ¿Te quieres correr? – dijo mientras cesaba de mover sus dedos. |