Aquello superaba mi raciocinio. Y, a mis padres, les dio igual. ¿Qué era lo que me iba a hacer? Me pregunté con algo de terror pero no tuve tiempo de hallar una respuesta porque se me escapó un gemido casi tan alto como los que antes habían dado ellos cuando mi madre, sin ningún pudor, se metió mi pene en su boca. Le había visto desnudo un montón de veces pero nunca de esa manera. Mi madre comenzó a gemir tan alto que temí que despertasen a mi hermano y mi padre, más o menos hacía lo mismo. Las dos pollas entraban y salían cada vez más rápido y los besos no escaseaban. |