Por ejemplo, aquel día en que ambas entraron en el baño estando el pobre Fernando en la ducha. No estaba bromeando. Es usted un hombre inteligente y atractivo. Completamente ido, pensando que cogía el vaso, agarró al pobre gatito —el desgraciadito se había subido en aquel fatídico momento en la encimera y restregaba la suave pelusilla de su cuerpo con el vaso— y lo metió en el microondas. —¿A dónde va usted tan rápido?— preguntó la Doña— Cualquiera diría que ha visto al demonio. No podía sacarse de la cabeza el surcado culo de aquella bestia, tan desproporcionado, tan lleno de surcos, tan grasiento, y sobretodo con aquella horrible hemorroide. |