Por eso mismo. De vez en cuando recordaba la suavidad de su pelo contrastando con su enmarañamiento disciplinado, y mis dedos se deslizaban entre los pelos buscando dar uniformidad a esa falsa desorganización. No sabes la capacidad de provocación que encierra el chaval y…Eso tiene que ser una enfermedad. Cuando salimos, Oriol había convencido a Ray para que le dejara acompañarle. Con la otra mano recorrí la exquisita geografía del muchacho, sus anchos músculos pectorales, su estómago fibrado y plano, su ombligo juguetón y refrescante. Habían encargado dos docenas de picnic para el día siguiente. |