No diga nada. —¡Por Dios, Señor Mas U…—No. La mujer, que poseía una fuerza descomunal, agarró al Señor Mas de la cintura y le dio la vuelta. acababa de mudarse a la casa que tenía en el campo y precisaba de un par de asistentas que se ocuparan de la limpieza de la casa y del resto de tareas que ella, por su condición social y pereza, se negaba a realizar. Por ello, en un primer momento, al ver a Hortensia, pensó en poner a prueba la velocidad de sus piernas y salir huyendo de allí, pero desde hacía tiempo andaba sin un puñetero duro en los bolsillos y las deudas se lo iban comiendo, así que decidió quedarse. Doña Hortensia, algo impactada por la vulgaridad que había soltado su amado y el tono que había empleado al pronunciarla, dejó que se vistiera y saliera de la habitación con la promesa de volver en cuanto se hubiera tomado una pastilla. |