Lentamente comenzó a bajar, esta vez volvía a sentir como se comía mi polla pero ahora con sus labios vaginales, tan rosados y carnosos como los de su boca, pero muchísimo más calientes. Elena y Marta tenían mucha confianza hablando de temas sexuales, yo a pesar de saberlo todo y opinar a veces intentaba mantenerme al margen por lo incómodo de la situación para mí y posiblemente para Marta. Ella sin preguntar más se colocó sobre mi polla y puso mi pene en la entrada de su cuerpo. ¿No vas a seguir viendo la peli? Me preguntó Marta dejando el otro tema de lado. Todo esto hizo que, aún siendo de la llamada clase alta, nuestro círculo de amigos y modo de ver la vida fueran de una línea liberal y adaptable. Al ver esto Marta sonrió, como si lo esperara de antemano. |