No podemos con todo, Doña Hortensia; es demasiado trabajado para nosotras dos repetían una y otra vez. Sandra cerró la puerta por dentro con el pestillo —algo que se olvidó de hacer Fernando—, mientras su hermana metía la cabeza entre las cortinas con la intención de ver la polla del Señor Mas. Pocos días después de entrar en la casa, Fernando supo de la enfermedad de la Señora, y desde entonces, en su mente, la idea de follarse a las dos niñas fue poco a poco desterrada por la idea de conquistar a la rica mujer. Dejó su maleta en el suelo y llamó a la puerta. Estaban usadas —el olor lo constataba—; una tenía la letra S bordada, mientras que la otra la letra M. Al doblar el pasillo, chocó con Doña Hortensia, y tuvo que agarrarse a ella para mantener el equilibrio y no caer al suelo. |