Sí, gracias cielo. Con aquello, mi novio pareció enloquecer y empezó a arremeter enardecido contra Barbie que jadeaba excitada una y otra vez, hasta que ambos alcanzaron el orgasmo. Ambas iréis vestida muy sexys, así que te he traído este vestido – me tendió una bolsa que había llevado todo el rato en la mano – Obviamente llevaré condones a mansalva, y todo lo demás, lo que suceda en ese lugar, lo iremos improvisando poco a poco ¿no? ¿Te parece bien?Sí – le respondí – es tu fantasía y como siempre debe ser lo más fiel posible a la idea que tienes, como siempre hemos hecho. Con las dos sobre la mesa, no sé. Ante aquella confesión no sabía que hacer, aunque tenía claro que Barbara era mi amiga por encima de todo y que no podía negar que aquella experiencia había sido una de las mejores de mi vida y que haberla compartido con ella era lo mejor que podía pasarme. Barbie, que parecía más desenvuelta que yo, me hizo sentar en el sofá, se arrodilló ante mí, separó mis piernas y tras subirme la falda del vestido hasta la cintura, sentí como acariciaba mi sexo por encima de las braguitas. |