Cuando estaba en casa la desnudé, le quité todo bragas y sujetador y me la llevé a mi habitación, ella empezó a ponerse nerviosa e intenté consolarla. Cuando terminé me volví con ella al salón y a partir de este momento por mi mente no dejaron de pasar ideas para engatusar a mi vecina y hacer guarrerías con ella. Me caía bien, se la veía muy tierna y cariñosa. Me corrí y esta vez no pude evitar echarle mis gotas de leche dentro, estaba tan caliente y húmedo que era una delicia hacerlo allí dentro. La verdad es que me dio un poco de vergüenza y hasta me debí poner colorado. Me quedé dormido y al despertar miré el reloj sobresaltado, pensando que mi madre podía volver en cualquier momento, sólo había pasado media hora. |