Hasta mañana – me despedí. ¿No te ha gustado? –respondí. No le dejé terminar…No le respondí – son mis propios jugos, estoy muy caliente y no dejan de manar. Solo una cosa tenía clara, Q sería el maestro de ceremonias, el impondría las normas y mi marido y yo las acataríamos… acataríamos…esta palabra me daba escalofríos, implicaba sumisión, abandono, obediencia y esto me ponía caliente… muy caliente. ¿Por qué me haces esto si no me vas a dejar follarte? – me dijo. Sonreí interiormente, él tenía totalmente asumido que era un actor secundario de la situación que estábamos viviendo y creía que yo era quien dirigía todo, lo que no sabía, y se enteraría el día siguiente, era que quién realmente la manejaba era Q. |