Me eché hacia atrás con dificultad apoyando mi espalda en su pecho ofreciéndole mi cuello para que lo lamiera a su antojo. Mi esposo había superado ampliamente los 50 y daba la sensación de tenerme abandonada y desatendida en el plano sexual pues cada vez nuestros encuentros se alejaban más y más en el tiempo. Tengo ganas de darme un buen chapuzón que hace un calor insoportable. Puedes hacer lo que quieras. Con las toallas al hombro nos dispusimos a gozar de nuestro primer baño. Le apreté con fuerza contra mí ayudándole en los movimientos que ejercía sobre mí. |