Las vi marcharse por la puerta. Raquel, vallamos a tomar un café al bar. Pocas veces venía Maite a casa y la veía, pero cuando coincidíamos me encantaba hablar con ella. La imagen de mi madre mamando y de Maite que sacaba la leche de él de su coño me volvió a excitar y aceleré las caricias que me daba en el pene y descargué mi semen en un trozo de papel que había preparado. Cinco minutos después los dos bajábamos en el ascensor y nos dirigíamos a su coche para subir el mueble. Su pelo rizado y castaño era bonito y su cara era preciosa con sus ojos claros. |