Eso me excitó, su olor y proximidad no me resultaban desagradables (a su cincuentena se conservaba bien, pese a la barriguilla incipiente ;). Mi húmeda vagina, con un pequeñísimo trocito de tela pegado (que ahora debía verse transparente por la humedad) debía estar exhibiéndose como un diablillo entre mis piernas a toda la oficina. Me imaginé que se avisaban entre ellos de que hoy estaba tremenda y me venían a ver, y no creo que me equivocara. pero nada mínimamente para alguien preparado. Sí, bien, así empezamos a organizarnos de una vez por todas (eso es lo que yo deseaba oír). Iba sexy pero nada descarado, quería que se fijaran en mi, pero con una apariencia mínimamente profesional, así que aunque vestía falda, me llegaba a medio muslo (aunque marcaba mi perfecto culito) y calzaba zapatos de tacón (que me hacen esas piernas tan preciosas ;)). |