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EL PAPÁ DE ROBERTO Estaba abierto de culo y con la verga del papá de mi amigo metida hasta los cojones en mi trasero ansié que me traspasara, me poseyera, que hiciera de mí lo que se le antojara
Cuando conocí a Roberto no imaginé siquiera que pudiéramos ser amigos. Él era el
muchacho guapo, atlético y más popular del salón. A mis 18 años, con todos los
complejos propios de la adolescencia, me sentía muy inferior a él. Si bien, soy
atractivo y de complexión delgada, al lado de él yo creo que ni siquiera podría
soñar en compararme.
De todos modos, nos hicimos amigos, y muy secretamente, empecé a pensar en él
muchas veces al día. Nunca antes me había pasado. Había tenido noviecitas,
amigas y todo eso. También había notado que cierto tipo de hombres me atraían,
pero prefería no pensar mucho en eso. Con Roberto fue diferente. Era mi amigo y
llegué a tenerle mucho cariño, y de allí, a imaginar lo que sería besarlo o
verlo desnudo, fue solo un paso.
De todos modos, la cosa era nada más que un sueño. Él era totalmente hetero y
jamás vi nada en él que me hiciera pensar lo contrario. Así que relegué mis
pensamientos muy dentro de mí y me conformé con su amistad solamente. Roberto y
yo íbamos en la misma escuela y siempre tratamos de estar en los mismos grupos
de trabajo. Fue en una de esas tareas que se hacen en grupo que sucedió todo. En
esa ocasión le tocó a Roberto ofrecer su casa para que trabajáramos esa tarde.
Éramos 4 muchachos y una chica. Nos vimos en casa de Roberto e hicimos parte del
trabajo. Ya como a las 8 de la noche llegó su papá de trabajar. Yo no lo
conocía, y me sorprendió muchísimo el enorme parecido de Roberto con su papá. El
era un señor como de 40 años, con la misma belleza de su hijo, pero con los
masculinos rasgos que da la edad. Usaba bigote y barba de candado. Recuerdo que
me llamó mucho la atención sus brazos velludos y los pelos del pecho que
aparecían por los botones superiores de su camisa. El hombre me dejó encantado.
Era Roberto, pero maduro, más sexi y tremendamente atractivo.
Más tarde, los chicos comenzaron a marcharse y solo quedamos Roberto y yo.
Estaba ya por irme yo también cuando el papá de Roberto apareció nuevamente. Se
había cambiado su ropa de trabajo y traía ahora un viejo short y una camiseta
nada más. Si ya antes me había gustado ahora me dejó sin habla. Tenía unas
piernas bastante fuertes y peludas. No pude dejar de imaginar como sería de
peludo debajo de ese short.
El papá de Roberto sacó una cerveza del refrigerador y se sentó en la sala a
mirar la TV. Yo cambié mi lugar en la mesa donde estábamos trabajando para poder
mirarlo sin que fuera obvio o él lo notara. Aparenté seguir trabajando, pero en
realidad solo miraba al señor frente al televisor. Unos minutos después el papá
de Roberto abrió las piernas para acomodarse y sorpresa, el short se abrió y me
di cuenta que debajo no llevaba nada puesto.
Un redondo y peludo huevo asomó por la abertura de la pierna. Tuve una erección
casi inmediata y traté de disimular el calor que sentía por dentro. El señor no
pareció darse cuenta que su huevo estaba de fuera, porque permaneció así por un
buen rato y yo me deleité con esa visión.
Poco después, el papá de Roberto se paró a buscar otra cerveza, y cuando estuvo
de pie vi que su short mostraba un buen bulto debajo, y la forma de su verga,
bastante grande, se dibujaba bajo la tela. El señor se acomodó la verga,
aparentemente ajeno a mi vigilancia, y noté la forma gorda y suave de su pito
mientras el se lo acomodaba. Al caminar hacia la cocina admiré su trasero, firme
y fuerte, y cuando se agachó para recoger algo del suelo, volví a ver sus huevos
colgantes asomando del short. Definitivamente yo babeaba de deseo y solo
esperaba que nadie lo notara.
Al parecer las cervezas se habían terminado, y el señor le ordenó a Roberto que
fuera a buscarle algunas. Roberto se quejó, le dijo que a esa hora ya estaban
cerradas las tiendas cercanas, y que si iba hasta el súper tardaría casi una
hora en volver. El papá le dijo que no había problema, que podía esperar.
Roberto me miró, furioso y disculpándose por la demora en nuestro trabajo, le
dije que no importaba, que yo lo esperaba todo el tiempo que quisiera. Y se
marchó.
Ahora estábamos solos su papá y yo. Me sentía nervioso y acalorado. Y al
parecer, también el papá de Roberto, porque se quitó la playera y volvió a
sentarse en la sala. Yo me excité más todavía al mirar su pecho, peludo desde la
garganta hasta el ombligo. Y no me moví por miedo a mostrar la enorme erección
que tenía bajo mis calzones.
De pronto, y sin voltear a mirarme, el papá de Roberto dijo:
- Si tanto me miras porque no vienes aquí y lo haces de cerca?
Yo me quedé mudo. No sabía que hacer. Sentía ganas de hacerlo pero también mucha
vergüenza de haber sido descubierto. Me quedé helado y no pude ni moverme.
- Que vengas aquí! - me gritó.
Yo me paré y caminé hasta quedar frente a él. No dijo nada mas, solo me miraba y
estudiaba mi mirada. Comenzó a acariciarse el pecho, a pellizcar sus tetillas
oscuras y velludas. Sus manos fueron bajando hasta el bulto ahora más grande de
su entrepierna. Yo lo miraba hipnotizado. Alzando un poco las nalgas se despojó
de su short, mostrándome la verga más grande y peluda que hubiera visto nunca.
- Te gusta, verdad?
Yo seguía en silencio.
- No me engañas, eres una pequeña putita y te mueres por tocarme la verga.
Yo estaba petrificado. El tomó una de mis manos y la llevó hasta su pito erecto.
Era grande y estaba caliente. Comencé a acariciarlo, a sobarlo, a subirle y
bajarle el pellejo, cubriendo y descubriendo su enorme cabezota, que ya goteaba
su liquido blanco y transparente.
- Eso es, putita, menéame la verga, hazla crecer más todavía, que eso es lo que
necesitas, una vara grande y tiesa que te rompa el culo.
Seguí agarrado a aquel poste de carne, ya sin querer soltarlo.
- Ahora mis huevos, no te olvides de mis bolas. Acarícialas también, -me ordenó.
Tomé sus huevos con mi otra mano, Se sentían pesados y calientes. Peludos y
suaves, colgando entre sus piernas.
- Lámelos, -me susurró-, métetelos en la boca, putita, mójalos con tu lengua.
Me hinqué frente a sus piernas abiertas. El olor del macho llenó mis narices.
Acerqué mi cara a sus huevos y comencé a lamerlos como si fueran una golosina.
Lo siguiente y natural fue meterme su enorme verga en la boca y él comenzó a
gemir de placer.
- Cómete mi verga, puta, acábatela, se que te encanta, lo noto en la forma que
la chupas.
Después de un rato, su verga se hinchó más todavía, se puso dura como piedra y
sus gemidos subieron de tono. El papá de Roberto se puso de pie y me tomó de una
mano. Sin explicarme nada me llevó de vuelta a la mesa del comedor. Empujó los
papeles y lápices de nuestra tarea a un lado y me empujó sobre la mesa, dándole
a él la espalda. Manipuló los botones de mi pantalón y de un tirón me los bajó
hasta las rodillas. Lo mismo hizo después con mis calzones.
- ¡Qué culo!,- dijo, -tiernito como me gustan y virgen por lo que veo.
Yo estaba temblando de miedo y de anticipación. Había llegado a imaginar lo que
sería que alguien te cogiera, pero nunca pensé que de verdad eso me sucediera
algún día. Y ahora estaba allí, a punto de ser perforado por una enorme estaca
de carne y ya no había vuelta a atrás. El miedo me paralizó.
- Veamos ese agujerito, putita, quiero ver que tanto va a estirar para darle
cabida a esta verga que se va a comer.
Tomó mis nalgas entre sus manos y me las separó. Me sentí totalmente desvalido
allí, en pleno comedor y con el culo tan expuesto. Imaginé lo que sería que
llegara Roberto en este momento y me encontrara allí, con las nalgas abiertas
por su propio padre y a punto de ser violado por él. En vez de asustarme, eso me
excitó más todavía.
- Pero si es una ricura-, dijo el papá de Roberto, -voy a disfrutar mucho
desvirgándote.
Sentí sus caricias en mis nalgas, después su lengua lamiéndolas, y por ultimo,
su lengua caliente y húmeda entrando en mi ano. Después de un rato se detuvo.
Voltee a mirarlo y lo vi allí, parado con su enorme verga en la mano y enfilando
hacia mi culo. Todo un macho, velludo y guapo, y a punto de cogerme.
- Te llegó la hora, putita, ahora serás mía, prepárate.
La punta de su verga se apoyó en mi ano y después presionó, primero suave y
luego con un fuerte empujón entró en mi cuerpo. El dolor fue inmenso. Sin pensar
en lo que hacía pegué un grito fuerte y después hasta de eso me olvidé. Sólo
podía pensar en el hierro que me estaba metiendo y que parecía iba a partirme
por la mitad. El papá de Roberto ni caso me hizo. Se afianzó de mis hombros y no
dejó de empujar hasta que los pelos de su pubis tocaron mis nalgas. Después me
dejó tomar el aliento y recuperarme un poco.
- Tranquila, putita, ya la tienes adentro, ya es toda tuya, te pertenece,
gózala, disfrútala.
Y allí estaba yo, abierto de culo y con la verga del papá de mi mejor amigo
metida hasta los cojones en mi trasero. Esa imagen borró mi dolor y solo ansié
que me traspasara, que me poseyera y que hiciera de mí lo que se le antojara.
Creo que él se dio cuenta de lo que sentía, porque empezó entonces a moverse, a
meter y sacar su pene con energía y un ritmo al que pronto me acompasé.
- Eso, putita, muévete, dame las nalgas, deja que te la meta hasta el fondo,
hasta que tu culo se abra y te deje adentro mi leche.
De allí en adelante no supe más. Solo lo dejé hacer de mi culo su morada, me
acoplé a sus embestidas y cooperé con su cuerpo hasta que exhausto se vino
dentro de mí, llenándome las entrañas con su semen.
Habían transcurrido ya casi 50 minutos desde la partida de Roberto, así que se
apresuró a lavarse y ponerse de nuevo su ropa. Al regresar del baño yo estaba
poniéndome los calzones y notó mi erección.
- Putita, puedes masturbarte si quieres - me aconsejó.
Yo sentí mucha vergüenza para masturbarme frente a él, y no hice nada. El me
tomó de la mano y me llevó al baño.
- Obedece - me urgió - te dije que te masturbaras.
Yo empecé a menearme la verga y el se puso a mis espaldas y sin aviso alguno me
metió dos dedos en el culo. Eso me hizo venirme casi al instante. Después se
lavó las manos y me dejó allí con mi ropa para que me cambiara. Cuando salí del
baño Roberto ya estaba en la casa y su papá miraba la televisión nuevamente. No
dije nada. Sólo me acerqué a la mesa y en pocos minutos terminamos lo que
faltaba de la tarea.
- Bueno, - me despedí de Roberto, -ya me voy, nos vemos el lunes en la escuela.
- OK,- me contestó-, y por favor no te olvides de venir mañana por los dibujos
que me tocan hacer esta noche. Yo no voy a estar, pero ya le pedí de favor a mi
papá que te los entregue.
El papá de Roberto me sonrió y dijo muy tranquilo: - Aquí lo espero, joven.
Si te gustó, házmelo saber.
Autor: Altair7 Altair7 (arroba) hotmail.com