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BAÑOS TORRE NUEVA Sentí como entraba su verga en mi culo, que antes no me cupo en la boca, había entrado toda y estaba eufórico de calor, de placer, un pedazo de carne caliente, todo dicha y gozo
Este relato, además de ser verídico, constituye un homenaje al lugar, donde por
muchos años, quienes asistimos a él, conocimos, gozamos, exploramos y
experimentamos nuestra sexualidad sin límite alguno, hasta el momento de su
cierre definitivo.
Estos baños se encontraban en la Ciudad de México. Fueron construidos por los
años 40 y sus mejores glorias arquitectónicas ya habían pasado, pero seguían
funcionando, aún con los viejos artilugios para producir vapor con que fueron
estrenados.
Bastaba con solicitar al encargado, que te cobrara un general y tenía uno
derecho a vapor y sauna por el mismo boleto, además del servicio de regaderas y
un vestidor individual que constaba de un diván y, si tenías unos pesitos demás,
pues te consentías con un buen masaje y todo por una módica cantidad, y como en
la lucha libre, sin límite de tiempo.
A la entrada de los baños se advertía que, quien fuera sorprendido ejecutando
actos deshonestos, o que atentaran contra la moral y las buenas costumbres,
serían remitidos a la autoridad, el letrero, además de ser ridículo, por el
tiempo casi era invisible, corroído por la humedad y el tiempo, nadie observaba
su prohibición y mas bien se mofaba de su contenido.
Era un asiduo asistente a los baños, acudía a cualquier hora del día, eran una
garantía que siempre, siempre, encontrabas pareja, trío, o bien orgía organizada
o desorganizada por todos los asistentes. Esa mañana.......
Entré como a las diez, con un poco de frío y en busca de calor humano, los baños
estaban casi desiertos y alguno de los encargados solícito me ofreció un masaje,
mismo que pospuse para el final, primero quería curarme la borrachera de la
noche anterior con algo de acción y vapor. Entré primero al vapor y encontré dos
parejas en pleno faje cachondo por lo que me quedé un rato para disfrutar la
función voyerista, que para arrancar motores estaba de lujo.
La primera pareja, eran dos chicos de escasos 18 o 20 años con piel de manzana
que se estaban dando un 69 de lujo, ambos eran lampiños, delgados y guapos, uno
de ellos tenía los ojos grises y una verga de no menos de 20 centímetros y muy
gruesa, el otro, moreno, delgado y de cabello negro, el vello axilar y público
lo tenía ensortijado y su verga era de tamaño normal pero con unos huevos
hermosos y rasurados. Ambos tenían poca musculatura, pero sus cuerpos eran muy
estéticos y a través del vapor, parecían dioses griegos. Al rato estaban
trenzados en un interminable beso y se les veían las lenguas cruzar los labios
de enfrente de forma osada y frenética, rodaban por el suelo del baño sin
importarles mucho mi mirada, estaban poseídos el uno del otro mientras yo
comenzaba a masturbarme.
La otra pareja estaba también entretenida prodigándose caricias. Uno de ellos
sentado en la banca del vapor, abría las piernas para que el otro engullera su
verga mientras recibía masaje en las tetillas. Uno, arrodillado frente a su
pareja ensalivaba la verga que tenía enfrente y se la metía en la boca mientras
soltaba suspiros y quejidos que, al parecer, excitaban a su pareja y a los
presentes....
Decidí salir del vapor, ya que ambas parejas no se dieron por enteradas de mi
presencia y yo quería acción, ahora más que nunca, estaba caliente, con los
motores en marcha y mi verga necesitaba acción. Entré al cuarto de enfrente, al
del calor seco y allí encontré a un joven de no más de 18 años, delgado, de ojos
grandes y cuerpo de niña que estaba siendo masturbado por un hombre mayor,
mientras le mamaban el culo; además, estaba sentado viéndolos un hombre de unos
30 años, rubio y de ojos azules, no muy guapo, pero si con un cuerpo bastante
llamativo y una verga de antología: gruesa, con vellos rubios, glande rosado y
algo curva, me senté a su lado para observar a la pareja que parecía a punto de
terminar, por los jadeos que el chico emitía, la excitación iba en aumento y el
chico comenzó a suplicar que por favor lo penetrara.
Su pareja seguía frenéticamente mamándole el culo, mientras el chico de pie se
agarraba de la puerta para que no se abriera, más que para sostenerse; en un
momento, casi en un parpadear la pareja del chico se puso de pie y lo ensartó de
un solo golpe, solamente oímos como el chico soltó un grito agudo, hizo cara de
dolor y se dejó resbalar hasta el tronco la verga de su amigo; el otro lo
sostenía mientras comenzaba el vaivén del mete y saca, primero lentamente y
después con furia y desesperación, mientras el chico gozaba con los ojos en
blanco, pidiendo más, más, más....
Ante este espectáculo mi excitación estaba a mil; el rubio deslizó su mano a una
de mis piernas y comenzamos a acariciarnos mutuamente mientras nos masturbamos,
los besos y las caricias, las mamadas y las metidas de dedos no se hicieron
esperar, acompañadas como fondo musical de los gemidos del chico y el ruido que
hacía la enorme verga que estaba sintiendo. La verdad es que la pareja del chico
no era un hombre guapo, era normal, de la calle, pero tenía una verga mucho mas
grande que las que les he relatado, el chico gozaba y quería mas, mientras
nosotros comenzábamos la tarea de sacar el calor del otro.....
Mi predilección por los rubios, es casi delirio. Basta con que tenga el cabello
amarillo y la piel blanca para que pierda lo poco que me queda de vergüenza y de
pudor, el rubio, lo supe después, se llamaba Ángel y para mí lo fue en ese
momento.
Comenzó un morreo o cachondeo lento, delicado, tierno, para lograr vencer las
pocas ataduras que todavía resistían en mi cuerpo, me acostó sobre la banca y me
besó cada centímetro de mi cuerpo, cada pelo de mi pubis, cada redondez de mis
nalgas, poco a poco aflojé el cuerpo ante los requerimiento de su cuerpo, sentí
solamente como entraba en mi mientras cerraba los ojos en el mismo cielo.
Su verga, que minutos antes no me cupo en la boca, había entrado toda y estaba
eufórico de calor, de placer y de cariño. Parece increíble que un pedazo de
carne caliente aunado a un cuerpo de hombre permita que alcancemos un pedazo de
dicha y gozo.
Sentía su carne entrando en mi, desgarrándome tiernamente, abriéndome en dos y
sintiendo como era poseído por Ángel y disfrutando con el hasta el delirio.
Actualizó mas de cuatro o cinco posiciones y disfrutaba frenético de mi cuerpo y
yo del suyo, sus piernas eran duras y con vellos y las acariciaba mientras el me
poseía desde atrás, mientras sentía su carne dura limando las paredes de mi
culo. Mientras me tomaba como suyo, acariciaba mis nalgas y me besaba la
espalda. Tardamos como media hora ensartados como perros en celo, mientras la
otra pareja, satisfecha nos veía.
Volvimos a la realidad como si hubiéramos nacido allí mismo, en ese espacio y en
ese instante; llenos de dicha y satisfechos nos fuimos a las regaderas. Mientras
Ángel me enjabonaba bajo la regadera, vimos como en la salita de masaje, el
masajista se deleitaba con el cuerpo de un señor, que con el pretexto del masaje
había terminado entre las piernas del masajista y ensartado por otro hombre
corpulento, mientras en la otra plancha de masaje, el otro masajista y el
cliente gozaban de una buena mamada.
Ángel y yo intercambiamos tarjetas y años atrás nos encontramos en un lugar en
Puebla, él vagamente me recordaba y yo, no he podido olvidarlo.
Autor: Felatio