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ORGÍA SORPRESA Mauricio me metió el pene en la boca, Rolando puso su tranca en mi culo y comenzó a metérmela, lo hizo despacio y suave, sentía una mezcla de placer y dolor por el gran tamaño de su tranca

 

 

Estaba cierto día en el centro de mi ciudad, comprando algunas cosas que me hacían falta, como camisas y calzoncillos en una tienda muy prestigiosa. Me atendió un joven, no más allá de 25 años, quien muy amable me mostró las camisas.

Me llamó mucho la atención que siempre estaba como mirando a otro de los vendedores, que justamente estaba en la sección de hombres, pero de prendas interiores. Luego que me decidí a comprar, elegí 3 camisas y me fui a donde el otro joven casi de la misma edad que amablemente me atendió. Había mucha variedad para elegir, el joven me dijo que si quería me lo probaba y que él me decía como se me veían. Le dije que no se molestara que simplemente llevaría, las que siempre compro, sungas (pequeños):

¡Por lo mismo, me encantaría vértelas puesta!

Se puso un poco atrevido, pero, me gustó, más aún cuando clavo su mirada en mi paquete que sin que yo pudiera dominarlo ya estaba haciendo presión contra mi pantalón. Ante tanta insistencia accedí y me metí en uno de los probadores, y comencé a quitarme los pantalones y justo cuando estaba poniéndome un calzoncillo, se abrió la puerta, apareciendo el muchacho, quien dijo llamarse Esteban:

¡Que lindo culo tienes!

Medio asustado, en vez de cubrirme le mostré mi parte delantera que aún no lograba entrar en tan diminuta prenda:

¡Que grande la tienes, y eso que no esta alterada!

No dije nada solo atiné a taparme con la mano, pero Esteban muy decidido me la quitó, agarrándomela fuertemente, haciendo que reaccionara enseguida. Le dije que se fuera que podía vernos alguien, me la soltó y salio por unos segundos para nuevamente irrumpir donde esta yo con mi sunga puesta, pero con toda la cabeza de mi verga saliendo por un lado, debido a la excitación provocada por tan ardiente vendedor. Esteban al verme, nuevamente, me toca la punta de mi verga y sin darme cuenta me dio un par de lamidas, haciéndome sobresaltar.

Nuevamente le dije que se fuera que se ubicara donde estábamos. Luego intenté relajarme y me quité los calzoncillos y me vestí, para luego decirle al muchacho que me llevaría media docena. Luego de pagar este me entregó una tarjeta, la tomé y la metí en el bolsillo del pantalón. Al salir de centro comercial instintivamente la leí. Salía su número de teléfono, nombre y al reverso:

"Si quieres acción, con mi compañero te esperamos esta noche en mi departamento, llámame".

Continué con mis compras y luego me fui a mi casa, donde pensaba en aquellos muchachos que me incitaban y calentaban cada vez que recordaba lo que había pasado en la tienda. Finalmente calculé la hora en que podía estar en su casa y le llamé como a las 10 de la noche. Enseguida contestó Esteban, quien inmediatamente me dijo que su amigo había ido por unas cosas para la cena y que fuera para que comiéramos juntos y que prometía que entre los dos me darían el mejor postre. La idea me calentó enseguida y le dije que en una hora estaría allí. Anoté la dirección, tomé una ducha, y tras vestirme me fui hasta su departamento, toqué el timbre y enseguida me contestaron. Me salió a abrir la puerta su amigo, el otro de la tienda, quien se presentó:¡Mucho gusto soy Marcelo!

Le dije mi nombre, Gustavo y me hizo pasar a un pequeño living, y me hizo sentar, casi al instante apareció Esteban quien traía en una bandeja tres vasos con pisco sour. Lo bebimos mientras ellos se miraban cómplicemente y reían. Finalmente pasamos a la mesa y comimos para luego nuevamente sentarnos en unos cómodos sillones. Continuamos bebiendo por espacio de una hora hasta que noté que ambos estaban ya muy mareados, a tal punto que andaban con los cierres de los pantalones abiertos, al igual que sus camisas. Finalmente tras mostrarse un poco Esteban se acercó a mí y me dijo:

¡Ahora, lo prometido, tu postre!Enseguida le hizo una seña a su amigo, e inmediatamente comenzaron a desnudarse, a la vez que se daban algunos agarrones entre sí produciendo que mi calentura se iniciara, por lo que instintivamente me empecé a tocar el paquete hasta que sin darme cuenta me quité el pantalón y la camisa, quedando solamente en calzoncillos, evidenciando una enorme erección. Ellos terminaron de desvestirse y me miraron:

¡Que rica la tienes, y bien gruesa al parecer!

Déjame que se la toque dijo Marcelo, el cual enseguida se arrodilló ante mi y me bajó los calzoncillos que precisamente había comprado en la tienda que ellos trabajan. Me chupó el glande suavemente haciendo que gimiera del gusto, mientras su amigo se masturbaba mirándonos. Luego poco a poco se la fue introduciendo en la boca, hasta casi hacerla desaparecer en sus fauces. De pronto reaccioné y pude admirar el cuerpo de Esteban; me encantó, con la musculatura ideal, una buena penca y completamente depilado, algo que en un hombre me encanta. No me lo pensé dos veces, y me terminé de quitar los calzoncillos que los tenía en los tobillos y le dije a Marcelo que se detuviera y me tiré en la alfombra de rodillas y comencé a lamer ese maravilloso manjar que me atrapaba aún más el sentir ese olor característico de un macho en celo.

Después de un buen rato chupando, Esteban descargó una buena corrida que obtuve directamente en mi cara y boca, paladeando el especial sabor del semen. Justo cuando acababa de correrse noté un chorro caliente en mi espalda, y enseguida pensé, que sería Marcelo, quien acababa de eyacular. Al darme la vuelta me encontré con una tremenda sorpresa; estuve tan en las nubes que no me percaté.

Miré hacia atrás y había nada menos que tres muchachos más, también desnudos meneándose sus penes; salvo Marcelo que ya se había corrido, aunque tuvo tiempo de soltarme un último chorro en la cara. Aquello aparte de sorprenderme, me puso aún más caliente, y sin mediar palabra supuse que también querían ser saciados por una buena boca que se las mamara. Así que los tres se pusieron en semicírculo alrededor mío y comencé a chupar pichula por pichula. Como sólo tenía una verga en la boca por turno, me dedicaba a pajear a los otros dos. De este modo fueron acabando en mi cara, Pablo, Mauricio y Rolando. Sorprendido del tamaño de la herramienta de Marcelo lo dejé para el final para disfrutar aún más de aquellos 23 ó 24 centímetros de hermoso pedazo de carne. No me había percatado de su longitud, ya que cuando me la empezó a mamar a mi, no la tenía parada.

Bueno como les contaba se la empecé a chupar y a mi parecer seguía creciendo aún más dentro de mi boca. La chupé y lamí con gran esmero, tragando con ansia, también lamiendo desde los testículos hasta su glande de manera lenta, saboreando cada centímetro. Mientras tanto sus amigos, tirados en la alfombra se masturbaban mirando el espectáculo, Esteban, se había colocado detrás de mí y me masajeaba los hombros, a la vez que restregaba su garrote caliente por mi espalda. Al acabar, Marcelo, se dio cuenta que mi verga permanecía intacta y procedió a darme placer, según me expresó y me deleitó con una sublime mamada. Casi no tuvo que esforzarse, pues al par de minutos descargué en su boca sin que él dejara escapar ni una gota de mi leche. Fue una mamada estupenda, y más teniendo en cuenta que me confesó que era la primera vez que lo hacía. Esteban aseveró que nunca Marcelo se la había chupado a él, que siempre fue reacio a ello, que estaba admirado con la maestría que lo había hecho.

Finalmente ya todos satisfechos de las mamadas prodigadas, propusieron que Esteban y yo fuéramos los primeros en poner el culo a disposición de los demás. Marcelo le dijo a Esteban que se pusiera en cuatro patas y tras lubricarse un poco su gran pene con un poco de crema que alguien le paso, se la comenzó a meter poco a poco hasta que sus pelotas golpearon el culo de su amigo, haciéndole dar un tremendo grito, con semejante monstruo, no se esperaba menos. Luego de romper de una vez el culo de su amigo, comenzó a bombear cada vez más rápido, y a juzgar por los gritos y gemidos de Esteban, lo debía de estar haciendo realmente bien.

Pablo se colocó delante de él y se la metió en la boca. Tan bella escena me calentó aún más y sin pensar le dije a Mauricio que se tirara en el sofá boca arriba y me senté suavemente sobre su hermoso rabo, que no era muy grande, unos 15 centímetros, aunque, algo cabezón. Me movía muy despacio, sintiendo cada centímetro de su pene entrar en mi culo. Cuando la tuve toda dentro, comencé a subir y a bajar a buena velocidad, dando un gran placer a mi torturador. Por su parte Rolando colocó su verga en la cara de Mauricio y éste, dubitativo al principio, se la metió en la boca y comenzó a chupar con un poco de torpeza. Le dije a Rolando que me dejase a mí mamársela, que yo sabía lo que hacía, lo cual aceptó de inmediato.

Con una tranca enorme en la boca y otra no tanto, en el culo, estaba loco de placer, pero lo mejor vendría a continuación, cuando los dos intercambiaron sus papeles. Me hicieron acostarme boca arriba sobre el sofá y Mauricio me metió el pene en la boca, casi sin tiempo de ver como Rolando se colocaba entre mis piernas, alzándomelas y puso su tranca tiesa apuntando a mi dilatado culo y comenzó a metérmela, y aunque lo hizo despacio y suave, sentía una mezcla de placer y dolor por el gran tamaño de su tranca. Aquello parecía que no iba a acabar de entrar nunca y yo sentía un placer extremo. Cuando la metió del todo y comenzó el mete-saca sentí un placer en el culo que hacía mucho tiempo no sentía, debido a la longitud y, sobre todo grosor, de su miembro.

El gusto era tal que nuevamente me subí a esa nube que anteriormente estuve, tanto que ni me di cuenta de que Mauricio se corrió en mi cara. Bruscamente desperté cuando noté la potente corrida de Rolando en mi culo, a la vez que yo me corría mientras él me pajeaba. La verdad es que es un agrado que el tipo que te culea te haga una paja mientras tanto. Durante este tiempo me había olvidado de los otros participantes de la orgía, que ya habían acabado y miraban muy atentos nuestros juegos sexuales. Con Esteban les miramos y enseguida este, les dijo:

¡Ahora nos toca a nosotros metérselos!

Los otros cuatro, completamente calientes estaban deseando probar la experiencia de ser penetrados, ya que según ellos, nunca se las habían metido. Pusimos a los cuatro juntos uno al lado de otro y con el culo en estirado hacia atrás. La vista de aquellos cuatro culos al aire hacía que mi excitación fuera mayor, tanto que simplemente le arrebaté el condón a Esteban de sus manos y me lo puse, por lo tanto este quedó sin nada. Claro que casi al instante, tras reclamarme la acción, uno de sus amigos le entregó otro, el cual raudamente se colocó. Yo empecé por Marcelo y Esteban por Mauricio, ellos debían pagar el dolor y placer que nos habían dado a nosotros. Fue una cachita fantástica, ya que la estrechez del agujero de Marcelo, me proporcionaba un placer exquisito. Lo hice con toda la delicadeza posible y a Marcelo le encantó, ya que no paró de gemir. Al rato decidí que había tenido suficiente, aunque él quería que acabase corriéndome en su culo. Posteriormente me quité el condón y uno de ellos que estaba atento a la jugada me pasó uno a mi y otro a Esteban. Luego me posicioné frente al culo de Rolando y Esteban hizo lo propio con Pablo. Fue otra penetración fantástica, aunque tengo que confesar que el culo de Marcelo me dejó fascinado, es más mientras me culeaba a su amigo, continuaba admirando el suyo, que me mostraba lo abierto que se lo había dejado. Continuamos culeando por un rato más hasta que Marcelo nos dijo, mientras se tocaba su culo abierto:

¡Cuando vayan a acabar háganlo sobre nosotros!

Nos miramos con Esteban y tras dar un par más de clavadas a esos culos sedientos de carne dura y caliente, decidimos compartir nuestra leche con todos. Hicimos que se colocaran todos juntos, tirados sobre la alfombra y nos corrimos en sus caras, pasándoles nuestras pichulas por todas partes, incluso por esas bocas hambrientas que aún deseaban tenerlas en su boca. Finalmente quedamos tirados todos en la alfombra, rendidos, aunque muy satisfechos, admirando el reguero de condones que adornaban la alfombra. Luego los otros muchachos ayudaron a ordenar el departamento y se fueron despidiéndose con besos a la vez que agradecían el momento pasado. Finalmente quedé como al principio con Esteban y Marcelo, con quienes tuvimos ganas de una segunda sesión de sexo.

Esta vez luego que nos mamamos entre todos las pichulas, Esteban se sentó sobre mi verga, iniciando una cabalgada por un rato para luego echarse hacia delante donde Marcelo con cierta dificultad le metió su verga aprisionando la mía en ese culo que cada vez se dilataba más. Que rico es sentir otra verga junto a la de uno dentro de un culo tan hambriento como era el de Esteban, aunque sea a través de la delgada capa de látex (Condón). Luego entre gritos, gemidos y alaridos acabamos juntos. Marcelo quito su pene del culo de su amigo, con restos de sangre en su condón, producto de tanta presión en ese hoyo, más que dilatado. Posteriormente Esteban hizo unos breves ejercicios de relajación sentado aún sobre mi verga, empezó a levantarse lentamente entre quejidos y morisquetas, hasta que por fin se liberó de mi tranca, que también tenía vestigios de sangre, posados en el preservativo y testículos. En ese momento me percaté que este había acabado en mi pecho, al parecer el goce fue en grande para los tres. Con Marcelo nos fuimos al baño y nos aseamos un poco y luego lo hizo su amigo, quien, entre quejidos y sonrisas nos dijo:

¡Maricones, me rompieron todo el culo! ¡Mañana no voy a poder sentarme!

Con Marcelo nos miramos y nos largamos a reír. Posteriormente ya completamente aseados, exhaustos y prácticamente con nuestros testículos vacíos nos quedamos tirados en la alfombra por unos minutos. Luego nos fuimos a la cama de Esteban, quedándonos muy pronto dormidos; para amanecer posteriormente los tres abrazados. Fui el primero en despertar con un leve dolor en mi culo, para que decir mi verga, también estaba un poco estropeada, en fin mi cuerpo entero me reclamaba, pero me sentía muy contento y sin ningún arrepentimiento de tan agitada noche de sexo. Me di una ducha rápida y luego me vestí y tras despedirme de los dos amigos aún soñolientos, me fui a mi casa para descansar. Ese día no fui a trabajar, estaba completamente cansado, con mi cuerpo como trapo y mi culo a mal traer.

Autor: Gustavo