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EL NOVIO DE MI HERMANA El contacto de su glande con mi lengua fue extraordinariamente placentero. Según aumentaba mi excitación disfrutaba más con la mamada que le estaba haciendo
Así fue y así lo cuento. Aunque ya ha pasado mucho tiempo tengo grabada aquella
tarde en mi mente como si hubiera ocurrido ayer. Fue mi primera experiencia de
sexo compartido y eso nunca se olvida.
Nunca me había llevado bien con mi hermana. A sus 20 años era una estúpida
insoportable. Siempre mandándome y metiéndose conmigo. Yo, varón y con sólo 18
tenía poco que hacer frente a ella. Las mujeres mangonean todo lo que se pone a
su paso.
Raúl, su novio, también de 20 años, era otra cosa. Era un chico simpático y
divertido con el que resultaba muy fácil entablar conversación. Se puede decir
que conectábamos muy bien. Posteriormente pude comprobar que esa conexión iba a
resultarme extraordinariamente placentera.
Yo tenía ciertos problemas con los estudios y Raúl, supongo que para ganarse la
confianza de mis padres, se ofreció a echarme una mano. Empezó a venir todas las
tardes a mi casa. Nos encerrábamos en la habitación y dábamos un repaso a las
diferentes asignaturas.
A los 18 años aún no se tienen muy claros los sentimientos ni las orientaciones
sexuales. Yo lo único que sabía es que me encontraba de maravilla con Raúl y que
cada día estaba deseando que llegara la hora en que nos poníamos a estudiar.
Aquella tarde nos habíamos quedado los dos solos en la casa. Mi padre estaba de
viaje y mi hermana y mi madre habían salido de compras. Ya se sabe lo que se
enrollan las tías cuando se van de compras.
En un determinado momento hicimos una pausa en el estudio y nos pusimos a
charlar. Raúl y yo habíamos alcanzado bastante confianza, lo que nos permitía
mantener conversaciones con cierta faceta íntima.
- Pues no sé cómo soportas a mi hermana. Es una gilipollas, le dije - Las
mujeres son muy particulares. Ya aprenderás a conocerlas y a disfrutar de ellas.
Tu hermana a veces es un poco rara, pero está buenísima - ¿Te la follas? - No,
no quiere, es virgen. Pero nos metemos mano y nos lo pasamos de puta madre. No
veas las mamadas que hace.
Me imaginaba mi hermana arrodillada frente a Raúl, chupándole la polla. La
escena me producía sentimientos contradictorios. Por una parte me sentía
excitado, por otra parte molesto. ¿Molesto por saber que mi hermana se
comportaba como una puta? No, molesto porque me daba envidia.
Seguíamos con nuestra charla.
- - - Y tú, ¿sales también con chicas?, me preguntó - Que va, no me como una
rosca - ¿Y no te apetece? - Sí claro, me hago una paja todas las noches pensando
en eso.
Raúl se movía nervioso en la silla mientras que se mordía los labios. Me fijé en
su entrepierna y pude observar que lucía una erección de campeonato.
Al observar Raúl como yo le miraba su paquete me soltó:
- - - ¿Quieres enseñárme la tuya? - Vale
Me puse de pie y me bajé los pantalones y los calzoncillos hasta los tobillos.
Mi polla estaba tiesa como una vela.
La había agarrado con la mano y me la observaba como si fuese un médico. Su
tacto en esa parte tan íntima de mi anatomía me resultaba enormemente
placentero. Mi corazón latía a 200 pulsaciones por minuto.
- - - ¿Quieres verme la mía?, me dijo - Vale
Raúl se bajó los pantalones y me mostró su polla, erecta, grande, velluda y con
el glande brillante asomándole por la punta del prepucio. Recuerdo que emanaba
un olor absolutamente embriagador. Se la cogí y la apreté con mi mano notando su
estructura firme.
Durante unos momentos nos quedamos los dos en esa situación. De pie,
semidesnudos y cada uno agarrándole la polla al otro. Raúl tomó la iniciativa.
- - - ¿Quieres que te la chupe para que veas lo que se siente? - Vale
Se arrodilló frente a mí y comenzó a hacerme una mamada. Casi pierdo el sentido.
El intenso placer que estaba experimentando era para mí una sensación
absolutamente novedosa. La boca cálida de Raúl envolviendo mi pito, su lengua
acariciando mi glande.
No tardé mucho en llegar al orgasmo. Él no paró de mamar ni un momento, por lo
que me corrí totalmente en su boca. Raúl entonces se retiró y yo me senté para
asimilar lo que me acababa de ocurrir.
De nuevo mis sentimientos eran contradictorios. Por una parte me sentía muy a
gusto con la descarga de adrenalina que acababa de experimentar. Por la otra me
encontraba un poco cohibido y con sensación de vergüenza.
Raúl, que tenía los ojos rojos de excitación, siguió llevando la voz cantante.
- - - ¿Me lo haces ahora tú a mí?
La verdad es que no me apetecía mucho. Ya no estaba caliente y no me agradaba
meterme aquella cosa húmeda en la boca. No obstante me sentí obligado a
corresponderle y accedí.
Raúl, dirigió toda la operación. Se sentó en un sillón, se recostó contra el
respaldo y puso sus muslos en los apoyabrazos dejando los pies colgando por
fuera. Me hizo arrodillarme sobre un cojín entre sus piernas. Antes de que yo
empezara me cogió el dedo índice de mi mano izquierda y se lo metió en la boca.
Me lo estuvo chupando un rato. Después me dijo:
- - - Ahora méteme el dedo en el culo, hasta el fondo.
Esto era nuevo para mí. Esa tarde iba a aprender nuevas técnicas para disfrutar
del cuerpo. Así lo hice. Puse mi dedo sobre su ano y lo fui introduciendo
lentamente hasta llegar a los nudillos. Raúl gemía de gusto.
- - - Empieza a chupármela ahoraCon mi mano libre tomé su verga y me la metí en
boca. La verdad es que me daba un poco de asco, pero no me atreví a decirle que
no.
Al rato de chupársela me di cuenta de que me había empalmado otra vez. El
contacto de su glande con mi lengua fue pasando de resultarme desagradable a ser
extraordinariamente placentero. Según aumentaba mi excitación disfrutaba más con
la mamada que le estaba haciendo.
Ahora ya mi boca recorría su falo con ansia. Con mi lengua saboreaba su glande
como si fuera un caramelo. Con mi dedo bombeaba en su culo follándoselo y con mi
mano libre se la meneaba, tal y como yo hacía cada noche con mi propia polla.
Raúl gimió profundamente y empezó a correrse. Sus trallazos de semen inundaban
mi boca. Aunque trataba de tragármelo me resultaba imposible, por lo que los
chorretones rebosaban por la comisura de mis labios.
En ese momento oímos que se abría la puerta de la casa. A gran velocidad nos
subimos los pantalones y me limpié la cara, para hacer desaparecer todo rastro
de lo ocurrido. Raúl abrió la ventana para ventilar la habitación.
Cuando mi hermana entró por la puerta de la habitación Raúl y yo estábamos
sentados en la mesa de estudio trabajando en los ejercicios.
- - - Raúl, venga, deja ya al pesadito de mi hermano y vámonos a dar un paseo al
parque.
No sé si mi hermana tendría planeado que el paseo incluyera una merienda con la
leche de la polla de su novio. Si fuera así, iba a apreciar que el rendimiento
lechero de su amado iba a ser más escaso que de habitual.
Autor: Pluvioso