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UN ABUELO AUDAZ Se mojó uno de sus dedos y me lo introdujo suavemente sin dejar de mamarme, lo que me produjo un gran placer. Luego fueron dos los dedos que me hicieron gemir del gusto aumentando la excitación

 

 

Terminando mis labores en mi trabajo, generalmente me voy directamente a mi casa, pero esa tarde quise desviarme hasta un parque que hacía mucho tiempo no visitaba. Quería salir de mi rutina y sentarme un rato en los bancos de aquel pulmón verde que le hace mucha falta a mi ciudad. Me senté en uno de los pocos asientos que había y encendí un cigarro, observando a quienes se paseaban ante mí, niños, niñeras, mujeres con sus respectivos maridos, enamorados y ancianos.

Precisamente uno de ellos me llamó mucho la atención ya que estuve un buen rato observándole, notando que cada vez que un chico pasaba cerca de él algo le decía. Algunos solo sonreían, pero otros le hacían gestos de enfado; por lo que decidí pasar por allí para ver si me decía algo. Me levanté y tras pensar un rato me decidí y pasé lo más cerca del anciano que pude:¡Oye, quieres que te la chupe!¿Qué?, le dije.

Enseguida me tomó de un brazo e hizo que me sentara a su lado, y quise levantarme nuevamente para irme pero, él reacciona primero que yo y me agarró el paquete diciendo:¡Parece que lo tienes grande!¡No seas malo, deja que te la mame!

Le miré de pie a cabeza, sería de unos 75 años, delgado y muy alto, con un pequeño bigote que se mojaba con su lengua:¡Te he estado observando, y sé que quieres!¡Mira como la tienes!

Enseguida reaccioné notando que aún seguía con mi paquete agarrado y mi verga estaba completamente erecta.
¡Vamos allí detrás, no temas!Me mostró unos matorrales que estaban muy cerca de donde estábamos. Dudé por unos instantes, pero el anciano después de decirme su nombre, José, me dijo:¡Solo quiero chupártelo nomás!

Me soltó el paquete y se levantó, me dijo que iría primero él y que esperara un rato y que luego fuera yo. Para esos instantes ya estaba con mi verga muy dura por lo que no pensé y esperé unos dos minutos y fui detrás de José. Me metí entre los matorrales disimuladamente, encontrándome con José, quien estaba arrodillado esperando por mí. Me acerqué a él, y este inmediatamente se lanza a mi pantalón, desabrochándolo y enseguida liberó mi verga que estaba ansiosa de ser lamida:¡Qué grande y gorda la tienes!

Enseguida empezó a lamerme el glande, succionando mi excitación con gran gula, haciéndome estremecer. Luego continuó con su lengua recorriendo todo mi pene, como un verdadero maestro hasta que abrió muy grande la boca y se la comenzó a tragar, costándole al principio alojar mis 21 centímetros, pero muy luego lo logró iniciando una suave mamada que me hacia delirar del gusto. Muy pronto toqueteó mi culo con gran maestría hasta que me bajó los pantalones y calzoncillos hasta la rodilla y continuó mamando mientras que esta vez intentaba introducir uno de sus dedos expertos en mi ano, que se resistía a ser penetrado.
¡Deja que te meta un dedo!

Como me estaba dando una buena mamada, accedí a su petición. Se mojó uno de sus dedos y me lo introdujo suavemente sin dejar de mamarme, lo que me produjo un gran placer. Luego fueron dos los dedos que me hicieron gemir del gusto aumentando la excitación hasta que no aguanté más y apretándole la cabeza contra mí, gemí como un loco, mientras le eyaculaba mi semen en su boca, la que este tragaba mientras mantenía sus dedos enterrados lo más profundo dentro de mi ano, produciéndome un gran placer. Finalmente el sacó sus dedos y yo mi falo de su boca.
¡Que rica y caliente estaba, me quemó la garganta!¡Te gustó, como te la mamé!

Asentí con la cabeza, se levantó y me dio un beso en la mejilla.
¡Gracias!Y se fue, dejándome con los pantalones abajo. Enseguida me los subí y salí de entre los matorrales y miré buscando al anciano, pero, aunque me di una vuelta no logré ubicarlo. Finalmente me dispuse irme para mi casa cuando un muchacho de unos 25 años me dijo.
¡Qué tal la chupa el viejo!

Me dio corte, y me fui rápidamente del lugar, ante las carcajadas del muchacho. De eso ya hace un mes, aunque a veces paso por allí no me he bajado para ver sí está el abuelo audaz.

Si les gustó mi relato les invito a escribirme.

Autor: GUSTAVO gustavofigueroaa (arroba) hotmail.com