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JUGAR EN EL MAR, DE NOCHE Alex me volvió a hacer otra mamada, saboreando cada centímetro de mi carne, luego se la hice yo, disfruté de su sabor, de sus huevos, de las venas de su polla, de su leche caliente
Llevaba tiempo rondándome en la cabeza escribir un relato y al final me decidí,
pensando que pasaría desapercibida entre tantas historias similares. Escribirla
pensé que me sería útil, pues nunca me había atrevido a contar a nadie lo que yo
pensaba o sentía, y creí que al contarlo me quitaría un peso de encima, pero no
me sentí liberado de expresar lo que sentía.
El relato trataba de una de mis fantasías sexuales que tenía reprimida en mi
interior, pero que nunca había ocurrido. Sin embargo, debido al relato, me
escribió mucha gente, de todo tipo. Gente que mandaba fotos, relatos, gente que
decía que sentía lo mismo que yo, que se sentía identificada, gente que
insultaba... Tardé en responder y solo lo hice a dos personas, las que me
parecían más normales, con los que poder hablar y compartir dudas y
pensamientos, y que no buscaban nada más.
De ellos, me hice muy amigo de uno, y nos llevamos mucho tiempo mandándonos e-mails
y chateando, hasta que me propuso conocernos. Es algo que rechacé desde el
principio, pues yo no buscaba liarme con un tío, sino tener un amigo a quien
contarle lo que nunca había compartido con nadie, pero siempre desde el
anonimato, y se lo dejé bien claro. Él me prometió que si algún día quedábamos,
no intentaría nada, pues él tampoco buscaba eso.
Creía que no habría ningún problema para quedar como amigos, y que él, al igual
que yo, tenía novia y no pretendía que nada pudiera estropear su relación con
ella. Yo ya lo consideraba un buen amigo, después de tantos meses de confesiones
y de charlas, así que al final me decidí, con el convencimiento de que nada iba
a pasar.
Con las promesas pactadas, y un día libre en mi trabajo, viajé de Jaén hasta
Alicante para conocer a este buen amigo, algo que no me pareció mala idea. Y
tampoco me iba a implicar nada, digo yo. Esa mañana, me desperté temprano y cogí
el coche. El viaje no se me hizo nada pesado, y dar con él fue fácil. Habíamos
quedado en la puerta del Ayuntamiento y cuando llegué sólo había un chico y un
poco más apartada, una mujer con un crío en una sillita de niños.
Alex era algo bajito, pero bastante fuerte, con una camiseta ajustada. Moreno,
ojos negros, y con cara de simpático. No es que fuera guapo, pero en conjunto
era muy resultón. Tenía el pelo muy negro, y corto, con las patillas estrechas.
La mandíbula ancha, al igual que los hombros. Los brazos y el pecho bastante
trabajados en el gimnasio. Me acerqué a él, y me sorprendió mi propio
nerviosismo al hablar, pero me tranquilizó ver que él estaba aún más nervioso.
Era raro conocer a alguien con el que sólo había hablado por Internet, y que
encima sabía más intimidades mías que nadie de las personas que llevaban toda la
vida conmigo. Pasé un día genial, nos hartamos de reír, nos contamos miles de
cosas, de anécdotas, de chistes, de historias... ni nos dimos cuenta que se
había hecho de noche y llegó la hora de irse. Eran las 11 de la noche entre una
cosa y otra y comenzó a insistir en que me quedara, que iríamos a dormir a su
piso de la playa y que era más seguro conducir de día.
Me extrañó mucho su insistencia, y le recordé su promesa de que no iba a pasar
nada. Al fin y al cabo, me lo había pasado tan bien que me gustó la idea, y
además, me daba un poco de miedo conducir solo y de noche por carreteras que no
conocía. Llamé a mi novia y le expliqué lo que había pasado (a ella le dije q
incómodo con un bañador prestado y el frío que hacía me echaba para atrás y me
quitaba las ganas de bañarme, pero al llegar a la orilla me impresionó lo
caliente que estaba el agua.
Sigo sin entender cómo es posible eso, con el ambiente tan frío y húmedo que
hacía y siendo de noche como era. Alex ni se lo pensó dos veces, dejó las cosas,
con la seguridad del que ya lo ha hecho muchas veces y se fue corriendo a
bañarse. ¡Qué cabrón!, ¡menudos abdominales tenía!.
Desde luego este iría más de 7 días a la semana al gimnasio, porque se le notaba
bastante marcado. Él no paraba de gritarme: Venga, si está buenísima, venga,
entra ya!. ¿Qué carajo estaba haciendo allí con un tío al que acababa de ver por
primera vez, en una playa que no conocía, y de noche?. Bueno, de perdidos, al
río.... ya que era todo una locura, pues al agua!. El reflejo de la luna en el
agua hacía que pareciera aceite, pero enseguida dejó de parecerlo, porque Alex
empezó a intentar hacerme ahogadillas y yo a defenderme. Él estaba mucho más
fuerte que yo, pero al ser yo mucho más alto, le costaba derribarme. Y como la
mejor defensa es un buen ataque, allí me dispuse a la lucha.
El primer asalto fue tal desastre (para mi) que empezamos a reír, y una de las
invisibles y silenciosas olas de la oscuridad hizo que Alex tragara agua. Claro,
ahora era yo el que no podía parar de reírme. Y me cogió despistado y consiguió
hundirme. Desde el fondo, tiré de sus pies y lo hundí yo a él. Seguí intentando
defender mi desventaja y descubrí que cuanto más cerca de la orilla, mejor
peleaba, pues hacía uso de mi altura. Si intentaba nadar, lo alcanzaba, pero él
enseguida me hundía.
Nos lo pasábamos bien, era divertido. Pero en una de estas, cuando más
ensimismado estaba en el juego, Alex puso su manos en mi paquete (creo que se
estaba poniendo caliente), pero enseguida lo empujé para apartarlo, gritándole:
eeeh, no vale juego sucio!!!... Aprovechó que estaba quieto para hundirme de
nuevo, y al intentar salir rocé con el hombro algo que creí que era su polla.
Vaya, me quedé frío, él estaba empalmado!!!. Creo que se dio cuenta de mi
descubrimiento, porque me quedé paralizado, pero le quitó hierro al asunto,
hundiéndome de nuevo.
Ya estaba yo enfadándome de tantas ahogadillas, y encima me empezaba a dar
cuenta que este tío me había traído allí para algo, y no era para jugar en el
agua (es que uno no puede confiar en desconocidos, ¡qué ingenuo soy!). Así que
concentré la incipiente furia de quien ha sido engañado y ahogado un buen puñado
de veces, y lo ataqué con todas mis ganas. Lo hundí(pensando que era un puto
maricón, perdonad por la expresión, pero en mi enfado era lo que pensé), con tan
mala fortuna que.... rasssssss, le rompí el bañador en el forcejeo. No sé como
pasó, si se enganchó con algo, si fue él, si fui yo, pero allí estaba, como vino
al mundo, con sus atributos a la vista de los peces.... Menos mal, que no había
sido al revés, pensé, pues me moriría de vergüenza, a pesar de que allí no había
nadie.
Bueno, la lucha acabó allí y mi enfado se disipó. Él no iba a ir a su casa en
pelotas. Así que me indicó que las llaves de la casa estaban en la arena junto a
su camiseta y la toalla, y me explicó que había otro bañador en el armario del
cuarto de baño. Me salí, me sequé y allí fui. En el fondo estaba contento, pues
él había tenido su mere tardado tanto?, serás hijo de puta.... yo aquí
muriéndome de frío, con los cojones congelados... Le expliqué que no había
ningún bañador más, y que le había traído el bañador que yo llevaba, que se puso
con cierta desgana. En la casa se llevó bastante tiempo sin hablar, mientras
buscaba algo para cenar. Eran las 3 de la madrugada y estábamos hambrientos. Yo
me sentía bastante culpable, porque Alex seguía tiritando de frío, con el cuerpo
cortado. Voy a quitarme este puto bañador mojado, que así no se me va a quitar
el frío...
Y se puso en pelotas allí delante de mí. Creo que lo hizo queriendo, pero no me
importó. Con la luz pude verle perfectamente su cuerpo y su polla, que era mucho
más grande de lo que había visto a oscuras en la playa. Increíble, ahora era yo
el que se estaba poniendo caliente, pues me cogió de sorpresa, y no podía
apartar la vista de las venas de su verga, de sus huevos... Se dio cuenta y
sonrió. Algo tendrás que hacer para remediar haber roto mi bañador y haberme
dejado 20 minutos congelado en el agua... y se acercó a mi.
Me levanté y me aparté (nunca había estado tan cerca de un tío desnudo...). Le
recordé la promesa, y debo admitir que dudé un poco. A ver gilipollas, ¿en qué
mundo vives?. ¿Tú crees que te voy a traer a mi casa para jugar en el agua?.
Además, tú estás deseando trincarte una buena polla y disfrutar de una vez por
todas, no lo niegues. Olvídate de tus tonterías y tus complejos y haz realidad
tus fantasías, que lo estás deseando... Además, aquí nadie te conoce, no tienes
nada que temer, no voy a hacer nada que tú no quieras. Se acercó y me besó en la
boca.
Llevaba razón. Estaba deseando que pasara algo así, pero me daba miedo ser yo el
que diera el paso. Así que le dejé que hiciera conmigo lo que quisiera, se
notaba mi inexperiencia.
Desde luego aquello no era como hacerlo con mi novia, esto era mucho más
excitante. Notaba su polla pegada a mi, y sus labios suaves mezclándose con mi
saliva. Le gustó que mi lengua explorara su boca y que mordiera su labio
inferior. Él me abrazaba con fuerza y yo me sentía a gusto. Por primera vez no
era yo el que daba protección, sino que me sentía protegido. Me acariciaba la
espalda y con suavidad me quitó la camiseta. Me agarraba mis nalgas como si
quisiera que no huyeran y las masajeaba. Yo no sabía qué hacer con mis manos,
temblaba un poco, le tocaba los pectorales, y rodeaba los pezones con las yemas
de los dedos. Él fue acercando sus manos entre sí en mi abdomen para ir bajando.
Cuando decidió abrir la cremallera de mi paquete, me entró un extraño pudor, que
me aparté.
Tranquilo, no pasa nada, ¿tienes algún problema?, ¿ocurre algo?, ¿quieres ir más
lento?... Me extrañó tanta amabilidad. Él estaba tan caliente que creo que no
quería hacer nada que estropease aquello, ninguna equivocación conmigo. Le dije
que no pasaba nada, que era la primera vez que estaba con un hombre y que me
sentía muy extraño, le pedí perdón por si no sabía cómo actuar (se sorprendió
que le dijera eso). No te preocupes, haz lo que se te apetezca, sin miedo. Voy a
dejar que seas tú el que explore.
En el fondo me gustaba ese tío. Aparte de lo bueno que estaba, la verdad es que
su cuerpo me excitaba mucho, me desprendía mucha confianza, me hacía sentir
cómodo, y salvo el incidente del agua que no me esperaba, me lo había pasado
genial. Quería hacer aquello, y hacerlo con él. Era una buena oportunidad de
saciar mi curiosidad, y de pasarlo por las orejas, por el cuello, haciéndome
cosquillas, resistiéndose a empujarme con todas sus fuerzas contra su polla para
que se la follara con la boca. Y me agaché (sentí como si estuviera rebajándome
y sometiéndome a su fuerza y su dominio, como alguien deplorable, pero fue un
pensamiento fugaz, porque enseguida comencé a disfrutar de aquella sensación tan
increíble) y me metí su polla en la boca.
La tenía muy grande y muy gorda, pero me esforcé en introducírmela entera. No
seas bestia, poco a poco, que te van a entrar arcadas, dijo entre gemidos. Le
hice caso pensando en su experiencia. Y poco a poco fui chupando y exprimiendo
aquel tronco duro y sonrosado. Empecé por la base, aunque su mata de pelos
gruesos y negros me dio un poco de asco, y lamí desde la base hasta la punta
varias veces con la lengua. Después me recreé con su pellejo, subiéndolo y
bajándolo sobre la cabeza que estaba gorda y repleta. Pegó tal gemido que creí
que iba a despertar a todos los vecinos de la ciudad. Me apartó de un empujón
(yo creo que fue para no correrse) y me puso de pie.
Me cogió de la mano y me llevó al balcón. Allí nos podrían haber visto, pero
estaba tan caliente, que ya me daba igual. Incluso, ver el mar, el reflejo de la
luna, la noche... hacían aquello más íntimo, más morboso, más caliente. Pasó de
los preliminares y fue directamente a mi nabo, que me dolía de lo apretujado que
estaba dentro de mi pantalón. Estaba tan acelerado que ni pudores, ni temores ni
nada de nada. Deseaba penetrarle la boca, clavársela hasta el estómago,
atravesarle. Me estremecí, un escalofrío me recorrió todo el cuerpo cuando su
lengua toco mi polla. Me excitaba ver como un tío se metía mi tronco en la boca,
y lo dominaba. Desde luego, lo hacía mejor que mi novia.
No sé qué hacía con la lengua cuando se la introducía en la boca, pero me
encantaba. Y su cara de deseo mirando mi cuerpo me excitaba aún más. Con sus
manos me rozaba mis muslos, mi ingle, mi abdomen, mi ombligo, con una suavidad
que me quemaba. Después me volvió a llevar dentro del piso, al baño, y yo no
sabía para qué. Primero vació él sus intestinos, tras introducir agua con el
tubo de la ducha.
Me resultó bastante desagradable, pero yo ya estaba dispuesto a lo que fuera,
parecía un animal salvaje y hasta él se sorprendía, con lo reticente que había
sido antes. Cogió aceite corporal y nos echamos de nuevo en la tumbona del
balcón. Me echó un chorreón de aceite por la espalda y por el culo. Estaba frío
y me volvió a estremecer. Con sus manos me dio un masaje por la espalda, el
cuello, el culo, los hombros... aquello también era placer.
Con la mano bastante aceitosa y resbaladiza, me untó el ano, el periné, los
huevos, la polla... y comenzó a curiosear en mi ano. Primero con un dedo, pero
como estaba muy contraído, tardó un rato en introducir un segundo. Ya me
tranquilicé y dejé de poner oposición, lo que hizo que disfrutara más del
movimiento. Lo hacía con mucha suavidad, y estimulando la zona de la próstata
pronto comenzó a estimularme. Cuando mi culo tenía hambre de más, decidió
metérmela, partirme por dentro, llenarme mi caliente agujero.
Yo no sabía que hacer, si apretar, si moverme, si quedarme quieto... Y las cosas
empecé a hacerlas según más placer me ofrecían. Así que primero me relajé y vi
que con menor resistencia, entraba mejor aquel cacho de carne y menos daño me
hacía. La cabeza la tenía gorda, y notaba cómo entraba m mi turno. Volvió a
coger el aceite corporal y lo extendió con las manos por mi pene que estaba al
rojo vivo. Me sentó en la tumbona y se colocó sobre mí. Yo no tenía que hacer
nada, él era el que me cogía la polla y se sentaba sobre ella, controlando la
velocidad a la que se la introducía. Eso me permitía olvidarme de mi torpeza por
la inexperiencia y concentrarme en disfrutar al máximo.
Él ya sabía cómo dilatar rápido su ano. Sin duda era algo que ya había hecho con
frecuencia. Me gustaba verlo sobre mí, insertándose en mi polla, con sus
músculos, su sudor, sus abdominales, su polla ya fláccida y gorda, con algo de
restos de semen... Comenzó a bajar lentamente, introduciéndose mi miembro que
estaba a punto de reventar, de estallar como nunca lo había hecho. Se la metió
entera, permaneció así unos segundos e inició un vaivén arriba y abajo despacio,
para ir aumentando de velocidad según mi cara de placer. Sentía su peso cuando
bajaba, haciendo presión en mi vientre y en mis huevos, y cuando subía me
recorría unas cosquillas por mi polla.
Ya no aguantaba más, le avisé y de un salto se puso de rodillas delante mío. Sin
dejar de mirarme a los ojos, se metió mi tranco en la boca y succionó con todas
sus ganas. Intenté aguantar, pero eso me hizo explotar con más fuerza, no puede
evitar gritar y disparé. La boca de Alex se llenó de mi leche, que se le escapó.
Mi polla no paraba de manar semen, y él me daba lengüetazos, llenándose de ese
jugo pegajoso toda la cara. Yo llegué a tal éxtasis, que por un momento creí que
iba a perder el conocimiento, Alex se encargó de no dejar rastro con su lengua y
se acercó a besarme y que probara de mi propio semen.
Me abrazó y sentí su calidez aún más cercana. Dormimos uno junto al otro, él
abrazado a mi como si de un niño pequeño se trataba. Le di muchas vueltas a la
cabeza mientras él dormía placidamente y satisfecho. Pensé en mi novia, en Alex,
en mi. Me lo había pasado genial y había disfrutado como nunca. Por la mañana,
ya recuperadas las fuerzas y las hormonas, Alex me volvió a hacer otra mamada,
muy lentamente. Saboreando cada centímetro de mi carne, y después se la hice yo.
Pude disfrutar con más conciencia de su sabor, de sus huevos, de las venas de su
polla, de su leche caliente. Nos llevamos un buen rato hablando de lo que había
ocurrido, y nos convenció la sinceridad con la que hablábamos ambos. Nos
volvimos a reír mucho, recordando la pelea en el agua, los chistes, las
bromas...
Nos despedimos y decidimos quedar en otra ocasión. Lo habíamos pasado genial. Yo
le había perdido el miedo a bañarme de noche en el mar.... Aquí termina otra de
mis fantasías, que nunca ha ocurrido. Todas las situaciones y datos son
inventados, o son ideas derivadas de fotos, videos u otros relatos. Muchas
gracias por leerlo y espero que hayáis pasado un buen rato, que es la finalidad
de haberlo escrito. En realidad, puede que no quiera que nada de esto ocurra,
porque no pongo medios para conseguir que se haga realidad.
Autor: Sergiomol77